El vino contado a través de experiencias.

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Por: Christian Villalobos Almendares

Hay restaurantes que uno visita solamente para comer. Y hay otros que permiten vivir una experiencia completa: conversar, observar, recordar viajes, reconocer culturas y descubrir cómo una marca internacional puede instalarse en una ciudad manteniendo su esencia original.

Eso fue lo que viví en Fogo de Chão Santiago, el primer local de esta reconocida franquicia internacional de origen brasileño abierto en Chile. En esta visita fui recibido personalmente por sus dos socios, Tomás Cubillos y Andrés Turski, con quienes tuve una larga y muy grata conversación. Hablamos de gastronomía, de servicio, de vinos, de Brasil, de Chile y, sobre todo, de la emoción que significa liderar un proyecto de este nivel en Santiago.

Más que una visita a un restaurante, fue una experiencia enogastronómica marcada por el fuego, la carne, el vino chileno y la hospitalidad.

Tengo una relación de larga data con Brasil. Viajo prácticamente todos los meses y he sido comensal habitual de distintos locales de Fogo de Chão, especialmente en barrios como Moema e Indianópolis, en São Paulo; también en el hermoso local de Botafogo, en Río de Janeiro; e incluso en Las Vegas en EEUU. Por eso, al visitar el local de Santiago, tenía una referencia muy acabada de lo que significa el estándar internacional de esta marca.

Y puedo afirmar que el espíritu se mantiene perfectamente.

Desde el servicio hasta el ritmo de la mesa, desde la atención de los gauchos hasta la calidad de los cortes, Fogo de Chão Santiago logra transmitir esa sensación tan brasileña de abundancia bien llevada, calidez, oficio y celebración alrededor de la carne.

La tradición brasileña servida en la mesa

Uno de los aspectos más interesantes de esta experiencia es la presencia de gauchos auténticamente brasileños, que llegaron especialmente a Santiago para traer el espíritu original del churrasco. No es un detalle menor. En sus manos está buena parte de la identidad de Fogo de Chão.

El gaucho no solo sirve carne. Conoce el corte, entiende el punto, domina el ritmo de la mesa y transforma el servicio en una especie de ritual. La carne llega en espadas, recién salida del fuego, y cada comensal puede elegir el punto que más le gusta.

La tradición del rodizio es simple y encantadora: mientras el color verde está visible sobre la mesa, la experiencia continúa. Los cortes siguen llegando, uno tras otro, con ese ritmo generoso tan propio de Brasil. Cuando el comensal quiere hacer una pausa, basta girar al color rojo. Es una dinámica que convierte la comida en una conversación permanente entre el fuego, el servicio y el apetito.

En Fogo de Chão Santiago, la experiencia incluye una gran variedad de 14 cortes premium, seleccionados bajo un estándar internacional. Entre ellos destacan cortes clásicos brasileños, carnes de gran calidad y una incorporación muy especial para Chile: el cordero patagónico.

Este detalle me parece especialmente valioso. El cordero patagónico no es simplemente un corte más dentro del recorrido. Tiene identidad, territorio y un sabor único, difícil de repetir. En una propuesta brasileña, sumar un producto chileno con tanta fuerza de origen demuestra una mirada inteligente: mantener la esencia de Fogo de Chão, pero al mismo tiempo dialogar con el país donde se instala.

La experiencia se completa con un amplio buffet de inspiración brasileña, ensaladas, platos calientes y preparaciones que permiten acompañar el recorrido de carnes sin perder frescura ni variedad. Todo está pensado para que la mesa no sea solo abundante, sino también equilibrada, placentera y comunicativa.

Vinos chilenos para una experiencia internacional

Pero si hay un punto que merece especial atención en una página dedicada al vino, es la carta de Fogo de Chão Santiago.

El restaurante no trata al vino como un complemento secundario. Al contrario, ha desarrollado una propuesta pensada para poner en valor los vinos chilenos y sus territorios. La carta tiene una mirada propia, con etiquetas nacionales que permiten acompañar los distintos cortes y, al mismo tiempo, mostrar la diversidad vitivinícola de Chile.

La unión entre la carne brasileña y el vino chileno resulta natural. Una picanha puede encontrar una gran compañía en un Cabernet Sauvignon del Maipo. Un lomo vetado puede conversar perfectamente con un Carmenere de Colchagua. El cordero patagónico puede abrir caminos interesantes con un Syrah, un ensamblaje tinto o vinos de mayor estructura y elegancia.

Uno de los grandes encantos del local es que permite degustar vinos íconos de Chile por copa. Esto abre una posibilidad muy atractiva para el comensal local y extranjero: acceder a grandes etiquetas sin tener que pedir una botella completa. Para quien visita Santiago y quiere conocer el nivel de los vinos chilenos, esta opción transforma la experiencia en algo mucho más flexible, entretenido y memorable.

Durante la conversación, Andrés Turski compartió una mirada muy honesta sobre el desafío que significó traer esta marca internacional a Chile:

“Fue un proceso largo y no fue fácil. Fogo de Chão es una marca muy exitosa, pero no existía nada así en Chile, con esta propuesta, con este nivel de inversión y con esta forma de hacer negocios. Finalmente, Fogo de Chão nos convenció de que Chile estaba preparado para recibir una experiencia de este nivel. No solo por los turistas brasileños, sino también porque el mercado chileno estaba listo para recibir el amor brasileño mezclado con el cariño chileno que le ponemos a todo: a la gente que trabaja, a las recetas y a las preparaciones brasileñas.”

Por su parte, Tomás Cubillos :

“Tenemos una oportunidad súper linda de tomar una marca que ya tiene un posicionamiento y tratar de aportar lo que uno es y lo que uno cree sobre cómo hacer las cosas. El cariño es súper relevante para nosotros y forma parte de los valores de nuestra compañía. Nos encantaría seguir creciendo tan pronto se pueda.”

Ambas miradas ayudan a entender que detrás de Fogo de Chão Santiago no solo hay una franquicia internacional. Hay también una apuesta personal, empresarial y emocional por construir una experiencia donde la tradición brasileña se encuentre con la hospitalidad chilena, sin perder el estándar global de una marca reconocida en distintos mercados del mundo.

Una conversación entre socios, carne y vino

Lo más valioso de la visita fue precisamente esa conversación larga y abierta con Tomás y Andrés. Conversamos de todo: de Brasil, de Chile, de la cultura del servicio, de la importancia de formar equipos, de la exigencia de operar una marca internacional y de cómo la gastronomía puede transformarse en una experiencia que va mucho más allá del plato.

En ambos se percibe entusiasmo, orgullo y también responsabilidad. No es fácil abrir una franquicia de este nivel en una ciudad competitiva, con un público exigente y con una oferta gastronómica que ha crecido mucho en los últimos años. Pero justamente ahí está el mérito: traer a Santiago una experiencia brasileña auténtica, con estándar global, y sumar una mirada local a través de los vinos chilenos y productos como el cordero patagónico.

Como visitante frecuente de Brasil, reconozco códigos del ritmo del rodizio, la presencia del gaucho, el punto de la carne, la atención constante, la generosidad de la mesa y esa forma brasileña de convertir una comida en un momento social.

Fogo de Chão Santiago logra reproducir esos códigos con mucha fidelidad.

Y eso es importante, especialmente para el visitante brasileño que llega a Chile. Para muchos, encontrarse con Fogo de Chão en Santiago puede ser una manera de sentirse nuevamente cerca de casa, pero en diálogo con los vinos, paisajes y productos chilenos.

Brasil es, además, uno de los mercados turísticos más relevantes para Chile. Según Sernatur, en 2024 Brasil fue el segundo mayor emisor de turistas hacia el país, con 787.036 visitantes, equivalentes al 15% del total de turistas extranjeros. El mismo reporte identifica entre sus intereses la nieve, las escapadas urbanas, las compras, el enoturismo y la gastronomía.

Ese dato se siente en Santiago, especialmente durante la temporada de invierno. El visitante brasileño llega atraído por la cordillera, los centros de ski y la experiencia de la nieve, pero cada vez busca más buenos restaurantes, grandes vinos y propuestas gastronómicas capaces de complementar su estadía.

En ese contexto, Fogo de Chão puede convertirse en un punto de encuentro muy natural: un rincón brasileño dentro de Santiago, pero con vinos chilenos, productos locales y una lectura territorial propia.

Un puente enogastronómico

Fogo de Chão Santiago es, en esencia, una experiencia donde la carne brasileña y el vino chileno se encuentran de manera muy natural.

Brasil aporta su tradición del churrasco, el oficio de sus gauchos, el fuego y la alegría de la mesa compartida. Chile aporta sus vinos, su cordero patagónico y una ciudad que cada vez eleva más su nivel gastronómico.

Esa combinación es precisamente lo que hace interesante a esta propuesta desde una mirada enogastronómica.

No se trata solo de comer buenos cortes. Se trata de vivir una experiencia donde cada elemento suma: el servicio, la conversación, el vino, la carne, el buffet, los puntos de cocción, el ritmo del rodizio y la sensación de estar participando de una tradición brasileña adaptada con respeto al territorio chileno.

Al salir de Fogo de Chão Santiago me quedé con esa sensación que solo dejan las buenas experiencias: haber comido bien, haber conversado mejor y haber encontrado en una mesa una historia que vale la pena contar.

Una historia donde el fuego brasileño, los vinos chilenos, el oficio de los gauchos y la mirada de sus socios se encuentran en una propuesta que suma identidad, hospitalidad y sabor a la escena enogastronómica de Santiago.

Andrés Turski y Tomás Cubillos
Gauchos Brasileros
Fogo de Chao Santiago de Chile
Bufete

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