La elección de Santiago como sede de The World’s 50 Best Vineyards 2026 confirma que Chile ya no solo destaca por la calidad de sus vinos. Hoy también comienza a consolidarse como un destino capaz de ofrecer experiencias de clase mundial en enoturismo, enogastronomía y hospitalidad.
Cuando conocí la noticia, mi primera reacción no fue pensar únicamente en la ceremonia de premiación. Pensé en todo lo que ocurre alrededor de un evento de esta magnitud.
Muchas veces hablamos del vino chileno desde la perspectiva de las exportaciones o de los reconocimientos obtenidos por determinadas viñas. Sin embargo, el enoturismo ha evolucionado profundamente durante la última década. Hoy los viajeros buscan experiencias completas. Ya no basta con producir un gran Cabernet Sauvignon o un excelente Carmenère. Lo que realmente marca la diferencia es la capacidad de recibir visitantes, contar historias, ofrecer gastronomía de alto nivel, integrar arquitectura, paisajes, hotelería y una atención que transforme una visita en un recuerdo inolvidable.

Por eso considero que la llegada de The World’s 50 Best Vineyards a Santiago, durante la semana del 16 de noviembre, representa uno de los acontecimientos más relevantes que ha recibido la industria vitivinícola chilena en los últimos años. El evento reunirá en nuestro país a referentes internacionales del enoturismo y dará a conocer el ranking de las mejores experiencias vitivinícolas del mundo.
Pero el verdadero valor de este encuentro va mucho más allá de la premiación.
Durante varios días, Chile estará bajo la mirada de periodistas especializados, líderes de opinión, expertos en vino y turismo, sommeliers y profesionales de la hospitalidad provenientes de distintos países. Esa visibilidad internacional es una oportunidad difícil de conseguir y puede transformarse en un impulso para toda la industria.

He tenido la oportunidad de conocer experiencias de hospitalidad en Chile y en el extranjero. En nuestro país he visitado Casa Las Cujas, el restaurante Magnolia, el Hotel Magnolia y el Hotel Las Majadas. En São Paulo conocí el restaurante Nelita y compartí con chefs que forman parte del ecosistema de The World’s 50 Best. Todas esas experiencias me han permitido entender que la excelencia no depende únicamente de un gran vino o de una buena cocina. Es el resultado de una experiencia integral.
Precisamente por eso creo que este evento beneficia mucho más que a las viñas. Cuando el enoturismo y la enogastronomía avanzan de manera coordinada, también crecen la hotelería, los restaurantes, los operadores turísticos, los transportes y muchos otros actores que forman parte de la experiencia del visitante. Es una oportunidad para fortalecer la imagen de Chile como un destino donde el vino, la gastronomía y la hospitalidad conviven bajo un mismo estándar de calidad.
Ahora comienza el verdadero desafío. Aprovechar esta vitrina internacional para seguir elevando nuestros estándares de hospitalidad, fortalecer el relato de nuestros territorios y ofrecer un servicio de excelencia que deje huella en quienes nos visitan. Ojalá que The World’s 50 Best Vineyards no sea solo un gran evento en noviembre, sino el punto de partida para consolidar a Chile entre los grandes destinos enoturísticos y gastronómicos del mundo.




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